viernes, 26 de agosto de 2016

Manifestaciones de lo espontáneo

Vivimos en un mundo en el que todo está perfectamente calculado, medido, programado... Hemos modificado y alterado nuestros biorritmos y los de la propia naturaleza a nuestro antojo. Todo lo que hacemos tiene un porqué, un cuándo, un dónde. Estamos localizables las 24 horas del día. Somos exclavos de la tecnología más puntera. Vivimos en cárceles de asfalto y hormigón, cumpliendo una pena a perpetuidad que nos hemos autoimpuesto.

En este contexto, quizá el último atisbo de libertad lo encontremos en las múltiples manifestaciones de la vida en la naturaleza. Y qué puede haber más libre, más salvaje, más evocador, que el paso sigiloso de un zorro entre las sombras; el paso de ese raposo que no conoce fronteras físicas ni políticas; el paso de un animal que ha logrado llegar hasta nuestros días a pesar de la tremenda persecución a la que ha sido sometido por los siglos de los siglos?

El hombre añora su libertad perdida. Sabe que nunca volverá a recuperarla. Quizá por esta razón intenta arrebatársela al zorro (como a tantas otras criaturas a las que hemos empujado hacia el abismo) por todos los medios a su alcance.

Pareja de zorros observada el 19 de junio en Valença. //Manu Sobrino 

'Maese raposo' es un animal extremadamente inteligente. Por eso huye de las personas. Le va la vida en ello. Pero el zorro también tiene amigos. Personas cuyo único arma es una cámara fotográfica. Personas cuya única intención es la de capturar un instante en la vida cánido.

Aquel día fue especial. Valença do Minho me reservaba uno de esos momento mágicos. Las fértiles veigas de Ganfei escondían celosamente su tesoro.

Era un día de calor casi insoportable. El sol pegaba con fuerza aquella tarde de junio. Recuerdo que fue una jornada un tanto frustrante. Eran las 19.30 h. y apenas había "cazado" un alcaudón dorsirrojo. Para colmo, un zorro disfrazado de gato quiso jugar conmigo al despiste. ¿Cómo imaginar que un Vulpes vulpes había decidido de pronto exponerse a todas las miradas? Tratando de hacer zoom con mi P900, tras comprobar con la ayuda de prismáticos que efectivamente se trataba de un zorro y no de un gato, perdí de vista al esquivo animal. Tan pronto como llegó, se esfumó...

Uno de los animales transportaba una presa entre sus fauces. //Manu Sobrino

Verdaderamente cabreado con la situación, me dispuse a esperar sentado (en mi silla, claro) su regreso, si es que este se producía... Una de mis pocas virtudes es la paciencia. Y cuando más lo necesitaba, esta dio sus frutos. 

Faltaban cinco minutos para las 20.00 h., cuando no una, si no dos figuras pequeñas y alargadas emergieron de entre los árboles, situándose en el límite entre las tierras de labor y el monte que ofrece cobijo y protección a estos animales. Tratando de conservar la calma, acerté a encender la cámara para hacer algunas fotos. No sabía el tiempo del que iba a disponer, así que reaccioné lo más rápidamente que los nervios me permitieron.

Sorprendentemente, los zorros parecían tranquilos, relajados, ajenos a mi presencia. Sólo 150 metros me separaban de ellos. Pueden parecer muchos, pero es una distancia insignificante para los agudos sentidos de un zorro. De dos, en este caso... Marchaban uno detrás del otro. Despacio, sin prisas... El más adelantado llevaba algo en la boca. Probablemente su próxima comida. 

Así abandonaban los dos raposos el lugar... //Manu Sobrino

Su larga y poblada cola contrastaba con el corte perfecto del resto del cuerpo. Lucían su look de verano. Un corte que dejaba al descubierto sus grandes orejas. El afilado hocico fue otro de los rasgos que llamó poderosamente mi atención.

Sin tiempo para más, fueron abandonando poco a poco la escena. Un alto y apretado tapiz de gramíneas hizo las veces de telón, tras el cual los dos raposos desaparecieron para siempre.

Pero el impacto de aquella observación todavía perdura en mi memoria. Son los dos primeros zorros, los últimos hasta la fecha, que he visto a orillas del Baixo Miño. Algún día os narraré mi primer encuentro con este animal... Hasta entonces, solo espero que sigan conservando su esencia, su significado... En otras palabras, su libertad. ¿O acaso la han perdido ya?