martes, 10 de octubre de 2017

Aparece un perro decapitado en San Miguel de Tabagón

No hay palabras para escupir tanta rabia. No hay palabras para describir tanto dolor... La noche del pasado domingo recibí vía WhatsApp unos mensajes verdaderamente terribles. Mi amigo César me informaba de que, esa misma mañana, él y varios compañeros más amigos comunes habían hallado el cuerpo decapitado de un perro en la parroquia de San Miguel de Tabagón (O Rosal) cerca del campo de fútbol de A Canosa.

Su voz al otro lado del teléfono sonaba apagada, triste, carente del brillo que la caracteriza. No era para menos. Me costaba creer lo que estaba leyendo y escuchando...

A la mañana siguiente, ayer, madrugué para intentar localizarlo. Mentalmente, iba repasando las indicaciones que había recibido: "En la pista de tierra, hacia la izquierda, junto a unos árboles"... Allí estaba. A unos 15 metros de mi. No fue difícil encontrarlo. El autor o autores de los hechos no se habían preocupado demasiado de ocultar los restos de cadáver.

Estado en el que fue encontrado el animal. //El Naturalista Cojo

Impactado por aquella primera visión, decidí acercarme muy despacio. Pronto empecé a percibir un fuerte y desagradable olor a putrefacción. Una nube de moscar verdes y azules revoloteaban alrededor de los despojos. La imagen era dantesca. Los cortes limpios, casi quirúrgicos, producidos inequívocamente por alguna herramienta cortante. No sólo la cabeza había sido cercenada. También las extremidades... Jirones secos de piel y pelo desprendidos del lomo y las patas me llevaron a sospechar que la pobre criatura había podido ser arrastrada a lo largo de varios metros. Lo único seguro es que no se trataba de una muerte reciente.

Todavía dolido por todo lo que había visto, no pude evitar reflexionar sobre algunas cuestiones. ¿Qué pasa  por la cabeza de una persona para llevar a cabo semejante atrocidad? ¿Qué clase de monstruo puede hacer algo así? ¿Qué gana con ello? Son cada vez más numerosos los estudios que vinculan maltrato animal y violencia social. Si alguien es capaz de hacer daño a un perro o un gato, ¿estamos seguros de que no se atreverá a hacer lo mismo con sus semejantes? De la misma forma que se persiguen los crímenes machistas o los abusos sexuales a menores; del mismo modo que se aparta de la sociedad a quien comete ese tipo de delitos, ¿porqué tanta permisividad y "mano blanda" cuando las víctimas son animales?

El caso ya está en manos del Seprona de la Guardia Civil. Sólo nos queda esperar que todo el peso de la justicia caiga sobre los culpables.

lunes, 11 de septiembre de 2017

El flamenco T79: un interrogante en la marisma

Se cumple un año de una de las observaciones más interesantes de toda mi "carrera bichera". Para mi, sin duda, la que más.  El 16 de septiembre de 2016 veía el primer y único flamenco citado en la comarca del Baixo Miño. El número 12º para toda Galicia. Desde entonces y hasta la fecha han sido dos más los ejemplares observados en diferentes puntos de la comunidad.

Y es que el flamenco común (Phoenicopterus roseus) se trata una especie de distribución fundamentalmente mediterránea. Andalucía, Castilla- La Mancha, Cataluña, Valencia, Murcia y Baleares albergan el grueso de la población de esta zancuda. En Galicia, como hemos visto, su presencia es accidental.

Recuerdo aquel día perfectamente... Eran las 20:30 h. de la tarde. Empezaba a oscurecer. Recorría el tramo final de la senda que bordea la marisma de Salcidos, en la zona conocida como Forno do Duque, cuando una figura alta y esbelta llamó mi atención. Una garza real, pensé. Un grupo de gaviotas revoloteaba alrededor del animal, gritando, como desconcertadas por la aparición de aquella extraña criatura. ¿Acaso querían ver de cerca a su nuevo vecino? A mi lado, una mujer observaba la escena sin dejar de caminar...

Sorprendido por lo que ocurría, enfoqué mis prismáticos hacia la lengua de arena sobra la que se encontraban las aves. Lo que vi entonces, como os podéis imaginar, me dejó alucinado.

T79 en Forno do Duque, estuario del Miño. //El Naturalista Cojo

Un flamenco no se ve todos los días, y menos en el norte. Era un ejemplar joven. Vestía todavía con las plumas de la inmadurez. Carecía del rosado brillo de los adultos. Parecía nervioso, asustado... Por si todo esto fuera poco, me di cuenta de que portaba una anilla blanca en su pata izquierda.

Me acerqué rápidamente al vallado de madera que discurre a lo largo del camino. Desde allí, apoyando los brazos a modo de improvisado trípode, hice algunas fotos. En estas situaciones los nervios se apoderan fácilmente de mi. Tenía que  respirar hondo y relajarme si quería evitar que las imágenes saliesen borrosas. Sólo así podría leer el código de la anilla y descubrir la procedencia de la zancuda.

Tuve mucha suerte. Si hubiera llegado cinco minutos tarde me hubiese perdido el espectáculo. Ese fue el tiempo del que dispuse para inmortalizar el momento antes de perderle la pista. Menos fortuna tuvo mi amigo César, al que llamé para compartir observación pensando que aguantaría un rato más...

Al día siguiente, sábado 17, fue visto por Joel Correia en la localidad portuguesa de Caminha. Y el domingo 18, según consta en el Noticiario Ornitogeográfico Galego (NOG), Alba Lago Dopico lo fotografiaba de nuevo en la margen gallega del estuario del Miño. Nuestro protagonista se había quedado a pasar el fin de semana con nosotros. Después, nada más se supo de él...

Los jóvenes flamencos lucen discretos tonos pardo-grisáceos, plumaje
que contrasta con el de los adultos. //El Naturalista Cojo

T79 es el tercer flamenco que aparece anillado en Galicia. En BirdersCove, encontramos una referencia a la revisa 'Doñana, Acta Vertebrata (Vol. 5)' en la que se detalla la historia de las dos lecturas anteriores, que datan de 1977. En concreto, en el artículo titulado "Observaciones de Phoenicopterus Ruber en la Ría de Vigo (Pontevedra)", de Celso Carballo, podemos leer lo siguiente:

"Por estas fechas se me comunica que un cazador de Vigo lleva dos ejemplares heridos al parque zoológico de esta ciudad, a donde me desplazo diez días más tarde. Uno de los ejemplares fue curado por el veterinario del centro, logrando sobrevivir, siendo soltado en uno de los estanques allí existentes. El otro ejemplar, que murió, me fue cedido congelado por el director. Según el comunicante, los dos ejemplares tenían sendas anillas de plástico, de color amarillo y negro, con las siglas AYL y ARS respectivamente".

Aquellos malogrados individuos, cuyas vidas se vieron truncadas por los disparos de un desaprensivo, habían sido marcados en la Camarga francesa aquel año de 1977. Triste final para una de las aves más hermosas de la Península Ibérica...

El origen del flamenco guardés ―nunca mejor dicho― sigue estando en el aire. Antonio Gutierrez Pita, ornitólogo ferrolano, apunta a que T79 podría ser uno de los 407 pollos anillados en el Paraje Natural Marismas del Odiel (Huelva) en 2016. Lamentablemente, aún estoy a la espera de respuesta por parte de la Estación Biológica de Doñana (EBD) organismo encargado de gestionar estos datos en España. Ojalá pronto podamos conocer el historial vital completo de este intrépido viajero.

martes, 18 de julio de 2017

Paseo adaptado por el Parque Nacional Islas Atlánticas de Galicia

El Naturalista Cojo nació con el objetivo de dar visibilidad al colectivo de personas con discapacidad; de acercar el mundo de la naturaleza desde una perspectiva distinta; de romper barreras y prejuicios... De todo ello vamos a hablar en la siguiente entrada, la primera que aborda esa doble vertiente, esas dos facetas que, para bien o para mal, han marcado mi infancia y mi adolescencia: discapacidad y medio ambiente.

El pasado 3 de junio recibí vía whatsApp invitación de Miguel A. Fernández Martínez ―reconocido biólogo y naturalista vigués― para participar en una visita adaptada por el Parque Nacional Islas Atlánticas de Galicia, uno de los quince que integran la red de parques nacionales españoles. Dos semanas después, el domingo 18, embarcaba rumbo Cíes junto a un equipo formado por diez personas y dos sillas accesibles Jöelette para usuarios con movilidad reducida.

Con la ayuda de estas sillas especiales, empujadas por voluntarios y voluntarias del Vigo Rugby Club, podría completar cualquiera de las rutas de senderismo que ofrece el archipiélago.

Tenía muchas ganas de volver a las Cíes. Anteriormente las había visitado en dos ocasiones, pero precisamente por la dificultad de moverse por ellas, apenas las conocía. Y Cíes no es sólo Rodas, el conocido arenal que puso de moda el diario británico The Guardian. Cíes es mucho más... No es casualidad que en época romana fueran conocidas como Islas de los Dioses...

El autor en el mirador del Faro da Porta, islas Cíes. //Azucena Alonso

Tras una breve deliberación, decidimos seguir la ruta do Faro da Porta, más corta y sencilla que la masificada de Monte Faro, pero no menos espectacular.

Damián, Azucena, Iria y Tamara fueron mis "porteadores". No sé como agradecerles su amabilidad, su esfuerzo, su calidad humana. Los cuatro sudaron literalmente la camiseta llevándome por terrenos imposibles para una silla de ruedas convencional. 

Tas la primera toma de contacto, con las lógicas vacilaciones de la primera vez, pronto pude comprobar la comodidad y fiabilidad de este novedoso sistema de transporte. Un sistema que ya se utiliza con éxito en diferentes espacios protegidos, como el Parque Nacional del Teide, pionero en la puesta en marcha de este servicio.

Hacemos votos para que tanto el Concello de Vigo como la propia Consellería de Medio Ambiente apuesten por este proyecto y apoyen su implementación en el parque gallego.

Hemos preparado un vídeo-resumen de aquella inolvidable jornada. Las cristalinas aguas de la playa de Nosa Señora; la ternura de mamá gaviota alimentando ―y defendiendo― a sus pollos, graciosas bolitas de mimético plumón; o la sobrecogedora visión de San Martiño, la isla sur, envuelta en bruma y misterio, son algunos de los recuerdos inmortalizados en él... ¡Espero que os guste!

jueves, 22 de junio de 2017

Memorias de la montaña Cantábrica

Ocho horas dan para mucho en lo más profundo y salvaje de la montaña asturiana. Ese era el tiempo del que disponía para disfrutar del Parque Natural Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, uno de esos (pocos) espacios protegidos en los que todavía es posible imaginar como era la vida en la naturaleza antes de que las alteraciones provocadas por el hombre se hicieran demasiado evidentes: un complejo y completo puzzle en el que todas las piezas encajaban a la perfección.

Oso, lobo, urogallo, gato montés... Lo más granado de la fauna ibérica se da cita en la Coordillera Cantábrica. Da la casualidad de que, pocos días antes de mi visita, el 15 de abril, tuve la ocasión de ver 'Cantábrico' en cines, la película documental que descubre los secretos de esta impresionante muralla que corre paralela al mar que le da su nombre. Era el momento de vivirla, de sentirla... Era el momento de traspasar la gran pantalla y conocer a los protagonistas del film.

Mi guía en esta aventura fue César Blanco Árias, al que nunca podré agradecer lo suficiente el trato recibido. Él se encargó personalmente de organizarlo todo. Desde convencerme con machacona insistencia de que le acompañara en aquel viaje, hasta planificar la jornada de manera que resultase completa y provechosa.


El tiempo acompañaba. La ilusión y las ganas, también. Después de establecer un primer contacto con el paisaje y el paisanaje de la zona, a media tarde iniciamos una penosa ascensión de kilómetro y medio aproximadamente a través de la pista que sube hacia el mirador en el que haríamos la espera. Allí pasaríamos las próximas cuatro horas...

Grandes y afiladas piedras amenazaban con rajar las ya de por sí gastadas cubiertas de mi silla de ruedas. El avance era necesariamente lento. Muy lento... No recuerdo haber atravesado nunca un camino tan impracticable. Pero esta circunstancia no desanimó a mi amigo César, que sudó la camiseta empujando con todas sus fuerzas. Entre pausa y pausa para descansar, admirábamos el precioso hayedo que nos rodeaba. Un bosque de cuento... Después, sacar frenos, y a seguir...

Tardamos más de una hora en alcanzar nuestro objetivo. Estábamos verdaderamente agotados... ¿Merecería la pena tanto esfuerzo? Arriba nos aguardaba un grupo de unas veinte personas equipadas con buenos prismáticos, caras cámaras y grandes teleobjetivos. Juntos, compartiríamos una experiencia difícil de olvidar. Pero dejémonos de palabras, y demos paso a las emociones... (Ver vídeo 'Memorias de la montaña Cantábrica')

lunes, 22 de mayo de 2017

La caída en picado del gorrión

El pasado martes fui testigo de un insólito suceso. Un pequeño gorrión común se precipitaba y caía literalmente del cielo dándose un tremendo golpe contra el suelo. Tan fuerte, que pude escuchar el impacto del ave contra la pista de tierra en la que había "aterrizado".

Cuando levanté la vista, intentando encontrar al presunto culpable de aquello ―quizá alguna rapaz―, pude ver como otros dos gorriones que acompañaban a la víctima continuaban su camino dirección sureste. Ni rastro de depredadores potenciales...

Inmediatamente traté de socorrerlo. Tardé pocos segundo en recorrer los escasos metros que me separaban del pájaro, que yacía inmóvil sobre el terreno. Con sumo cuidado lo cogí entre mis manos, tratando percibir el más débil signo de vida.

Era una preciosa hembra. Tenía los ojos abiertos. Había sobrevivido pero parecía atontada por el topetazo. Sus movimientos eran tórpidos, descoordinados... Yo no sabía muy bien que hacer. Pensé que pasados unos minutos recuperaría la consciencia, así que me propuse esperar lo que fuera necesario.

Al cabo de un rato empezó a dar señales de recuperación. Se mostraba más activa. Bajo la atenta mirada de Dana, mi perra ―a la que no le hubiera importado probar la carne de pardal― luchaba por zafarse de aquel extraño ser que le había "capturado". Y lo consiguió.

El gorrión accidentado. Detrás, la pista en la que calló. //El Naturalista Cojo

De un rápido aleteo escapó y fue a esconderse entre la espesa maleza que bordeaba el sendero. Pero su corto vuelo no le llevaría demasiado lejos. Todavía seguía aturdida e incapacitada para realizar desplazamientos largos. Ignoro si aquel desafortunado percance le pasó factura. Algún hueso roto o traumatismo interno tal vez. Todo eran incógnitas... ¿Porqué se desplomó? ¿Se desestabilizó tras chocar contra el tendido eléctrico cercano? ¿Sobreviviría? Nunca lo sabré. Lo cierto es que el animal no volvió a salir de su seguro refugio. No pude hacer más por él.

La historia que os acabo de contar es el reflejo de una situación que ha puesto en jaque a las poblaciones de esta especie en el continente europeo, donde se estima una disminución del 63% de sus efectivos en los últimos 30 años.

El gorrión es una de esas aves a las que, por abundantes, no se les ha prestado la atención que merecen. En ciudades como Londres han desaparecido casi por completo, mientras que en España las cosas no están mucho mejor.

El empleo abusivo de pesticidas, la proliferación de especies exóticas invasoras como la cotorra argentina, la falta de lugares adecuados para anidar y la escasez de alimento son sólo algunas de las múltiples causas de este espectacular y preocupante declive, sobretodo en espacios urbanos.

No hay más que echarse al campo para darse cuenta de la gravedad del problema. A título personal, sólo puedo confirmar lo que dicen los datos. Ya no los escucho ni los veo tanto como cuando era niño. El alegre canto del gorrión se apaga rápidamente...

miércoles, 3 de mayo de 2017

En un lugar del Baixo Miño, de cuyo nombre no quiero acordarme...

Así, como la famosa novela de Miguel de Cervantes, podría comenzar este relato. Pero en esta ocasión, no va a ser un manco, si no más bien un cojo, el autor de estas líneas; es decir, yo mismo. Si continuas leyendo hasta el final entenderás perfectamente el porqué de este "literario" comienzo...

Todo el mundo conoce mi aversión por la caza. Porque ni uno sólo de los argumentos que esgrimen los cazadores tiene validez en nuestros días. Ni uno. Por eso, cuando en el transcurso de una de mis habituales salidas al campo descubrí el cuerpo sin vida de una garza real, supuse inmediatamente que se trataba de una de las innumerables víctimas de este colectivo.

La profunda herida que presentaba en la cabeza, perceptible a simple vista, reforzaba la hipótesis de muerte por disparos. Pero este extremo era difícil de probar. El ave se encontraba en un lugar inaccesible para mi. Sólo pude hacerle una serie de fotografías para documentar el hallazgo.

El animal, inerte, yacía sobre la empapada orilla dejada al descubierto por la bajamar. El río que le vio nacer se había convertido ahora en su lecho de muerte. Triste destino para una de las criaturas más hermosas de la fauna ibérica. ¿Cómo es posible? ¿Qué mente enferma puede hacer algo así? ¿Quién se beneficia de esto? Jamás lo entenderé.

Había un respetuoso silencio... Como si la naturaleza llorara le pérdida de uno de los suyos. El arponero viviente, la zancuda de vuelo poderoso y apariencia frágil, la máxima representación de la elegancia y la belleza, convertida en despojo abandonado y olvidado por todos... Sólo el melancólico canto de un pequeño petirrojo ponía una nota amable en todo este drama.

El cadáver con una profunda herida en el cráneo. //El Naturalista Cojo

De pronto, un fuerte chapoteo como el golpe seco producido por la palma de una mano me hizo dirigir la mirada hacía el fondo de aquella lagunilla, en realidad un estrecho brazo de río jalonado por abundante vegetación de ribera. Una figura alargada y negra se fue acercando lentamente a mi posición. Demasiado grande para ser visón, pensé. Efectivamente. Era una nutria. Una preciosa y confiada nutria que avanzaba a la manera clásica de estos mustélidos, es decir, con su nariz, ojos y orejas proyectados sobre la lámina de agua.

No me atreví a mover un sólo músculo, pero estoy convencido de que ella me veía perfectamente. Sin embargo, se mostró totalmente ajena a mi presencia. Segundos después, dio media vuelta y se alejó varios metros antes de alcanzar una gruesa rama a la que se subió para descansar.

Poco duraría su tranquilidad... El agua volvía a agitarse de nuevo, y un segundo personaje apareció en escena. No tardé en identificarlo con los prismáticos. ¡Otra nutria! No podía creer lo que estaba viendo. Desenfundé apresurada y nerviosamente mi P900. Era el momento de empezar a grabar.

Como queriendo impresionarme, las nutrias hicieron gala de sus increíbles cualidades para la natación. Juntas, con la cabeza por delante y arqueando el cuerpo, saltaban fuera del agua cual grupo de delfines en alta mar. No tardé en darme cuenta de que todo aquel despliegue estaba al servicio de la alimentación, de confundir y atrapar a sus escurridizas presas. Después, con sus afilados dientes, masticaban los pequeños peces que lograban capturar.


En un exceso de confianza, decidí bajarme del coche para fotografiarlas mejor. Grave error que pagaría muy caro. Ambas escaparon asustadas. Enfadado conmigo mismo, pero a la vez feliz... Feliz por haber conseguido documentar algo que muy poca gente tiene ocasión de ver en la naturaleza. Era mi décima cita personal de esta especie. Y lo celebraba por todo lo alto.

No podía apartar mi pensamiento de la pobre garza. Tenía que hacer algo. Y ese algo pasaba por llamar al SEPRONA antes de que la pleamar y la corriente arrastrasen el cuerpo sin vida de la ardeida aguas abajo.

A la mañana siguiente, pude comprobar que seguía enganchada en el mismo sitio. La suerte quiso que el caudal apenas variase durante la noche. Decidí entonces ponerme en contacto con Agustín Ferreira, presidente de la Asociación Naturalista Baixo Miño (ANABAM), entidad ecologista que lleva más de 25 años dedicada a la observación, estudio y protección de la naturaleza de esta comarca gallega. Manifestando gran interés en lo que le conté, Agustín accedió rápidamente a acompañarme hasta el lugar en el que se encontraba el malogrado animal.

Queríamos recuperar sus restos. El análisis del cráneo permitiría hallar perdigones alojados en su interior. Pero no iba a ser tarea fácil. Un inestable talud de tierra, barro y piedras hacía prácticamente imposible llevar a cabo esta labor sin correr riesgos innecesarios. La altura de la pared y un inoportuno resbalón podrían tener graves consecuencias... Varios intentos fallidos bastaron al experimentado naturalista para darse cuenta de ello. Así pues, apelando al sentido común, desistimos de nuestras intenciones.

Visón americano depredando sobre la carroña. //El Naturalista Cojo

Pero no se acaba aquí esta historia... Lo que para unos es el fin de un ciclo de su ciclo vital para otros no es más que un regalo inesperado. Cuando regresaba de dejar a 'Tin' en su casa, recibí un sorprendente mensaje de WhatsApp: "Manu, acabo de ver un visón americano depredando a la garza".

Una expresión contenida de asombro se dibujó en mi rostro. El remitente era César Blanco Árias, gran amigo y compañero en mis interminables jornadas de bicheo. Habíamos quedado previamente en aquella zona, con la fortuna de que nada más llegar pilló al exótico e invasor carnívoro dándose un verdadero banquete. Cuando nos reunimos comentamos lo sucedido. Estaba seguro de que si esperábamos un poco más volvería a sentarse a la mesa. Y no se equivocaba.

Diez minutos después, una sombra oscura caminaba con paso firme hacia la carroña. Automáticamente, César y yo enmudecimos para no molestar al comensal. Con su fino olfato, el visón venteaba el aire en busca de presuntos enemigos. Cuando por fin debió considerar que no había moros en la costa, comenzó a desplumar la pieza y a alimentarse de sus partes blandas, principalmente el vientre. Recuerdo perfectamente el sonido de las plumas separándose de la piel a dentelladas... La escena era sobrecogedora, propia de un documental de National Geographic.

De repente, el festín se vio interrumpido por la irrupción de otro invitado. Pero el legítimo propietario de la carne, que no estaba por la labor de compartir su botín, acabó por ahuyentar al intruso.


Las imágenes que pudimos grabar, ponen de manifiesto la tremenda voracidad de esta especie. Revisando los vídeos, entendemos perfectamente porque ha llevado a su pariente europeo al borde de la extinción en nuestro país.

Con todo el menú para él sólo, nuestro amigo no tardaría en saciarse... Aproximadamente veinte minutos después, el espectáculo había terminado.

Pero aquel secreto rincón del río todavía me tenía reservada una última sorpresa... Cuando ya me iba para casa, los chapoteos de las nutrias volvían a hacerse notar con fuerza. En el punto exacto en el que minutos antes pisaban los visones americanos, jugueteaban ahora por segundo día consecutivo las alegres nutrias. 

Sin pretenderlo, hemos podido constatar la coexistencia entre las dos especies de mustélidos. Podríamos afirmar, en este caso al menos, que son buenos vecinos, que se aguantan, y que, simplemente, se evitan.

Como veis, por razones obvias, hemos querido omitir la localización exacta, siquiera aproximada, de la pareja de nutrias. No queremos dar pistas a los amigos del plomo. Los mismo que, con toda seguridad, acabaron con la vida de la protagonista de esta nueva entrada de El Naturalista Cojo. 

lunes, 24 de abril de 2017

Primer registro confirmado de presencia y cría de trepador azul (Sitta europaea) en el Baixo Miño

Un reclamo profundo resuena en el bosque... Son notas graves y cortas, como silbidos repetidos rápida y nerviosamente. No se parece a nada que haya escuchado con anterioridad. Su frecuencia recuerda a esos cantos propios de exhuberantes y remotas selvas. La intensidad del sonido va en aumento a medida que el animal se acerca.

Entretanto, en el suelo del monte, Carlos Venade eminente fotógrafo y naturalista portugués y yo mismo aguardamos pacientemente la llegada del pequeño duende del pinar... Son las 9:15 h. de la mañana, y ambos llevamos casi una hora parapetados tras unos helechos que utilizamos a modo de escondite. Para mejorar el camuflaje, cubrimos incluso mi silla de ruedas con varias de estas plantas.

En completo silencio, con nuestras cámaras apuntando directamente al tronco en el que han decidido instalar el nido un viejo agujero de picapinos reducido con barro por sus nuevos inquilinos sabemos que el momento está próximo. Nos miramos, sonreímos y asentimos con la cabeza.

Trepador azul en la entrada de su nido. //Manu Sobrino Senra

Tomando las mismas precauciones que nosotros para no ser descubierto, uno de los miembros de la pareja aterriza sobre las rugosas paredes de su fortín de madera. Después el otro. Desde el interior, los hambrientos pollos estarían demandando la atención de sus padres. Tras varios minutos trepando  por el tronco y adoptando las posturas más inverosímiles incluso boca abajo deciden marcharse y continuar su incansable búsqueda de alimento.

Fue necesaria otra larga espera de hora y media para volver a verlos. Ahora las condiciones son perfectas para obtener buenas imágenes. Con absoluto respeto, tratando de perturbar lo mínimo posible, nos adentramos en la vida secreta de una especie de la que no existen registros en el Baixo Miño gallego-portugués. Ni mucho menos de reproducción.

Es la primera vez que se consigue documentar su presencia en esta comarca, concretamente en Salvaterra de Miño. Y mi amigo Carlos fue su descubridor. Sin su ayuda no habría podido localizar a la familia. Suyo es el mérito de tan importante hallazgo.


Paseriforme de la familia de los Sítidos, el trepador azul o gabeador azul (en gallego) presenta aspecto y patrones de conducta similares a los del agateador común, del que se distingue fácilmente por su mayor tamaño y llamativo plumaje, azul grisáceo en partes superiores y anaranjado en las inferiores. Habita preferentemente bosques maduros con elevadas precipitaciones. Se alimenta de insectos y arañas, dieta que complementa con frutos y semillas.

Tenía muchas ganas de conocer a esta ave. Y Carlos me la presentó de la mejor manera posible. Una nueva generación de trepadores está en camino. Los pollos, ya crecidos, no tardarán en abandonar la penumbra de su hogar. Esperamos y deseamos que esta historia acabe en final feliz. Os lo contaremos...

*Os invitamos a visitar la web del fotógrafo y naturalista portugués Carlos Venade pinchando aquí: http://www.carlosvenade.com/